La curiosidad puede ser mucho más que esas ganas irresistibles de saber algo que nos intriga. Todos experimentamos esa sensación de vez en cuando, y no tiene nada de malo. Sin embargo, la curiosidad a la que aquí me refiero es más duradera, y en cierto sentido permanente. Una cosa es estar curioso por algo, y otra cosa es ser curioso.
¿Qué significa, entonces, ser curioso? Significa que no existan temas que nos neguemos a conocer. Es volver voluntaria y placenteramente a la edad de los porqués, o no haberla abandonado jamás. Implica tomar la decisión de interesarnos siempre por conocimientos de cualquier tipo, con la firme convicción de que cualquier tema puede resultar interesante y enriquecedor si alguien sabe cómo explicárnoslo. Es, en definitiva, vivir con una voluntad no utilitaria y desprejuiciada de conocer, una voluntad que no espera recompensa alguna por el esfuerzo invertido, excepto el placer intelectual de saber más que antes. Asimismo, el curioso es una persona que vive cuestionando, que no acepta medias respuestas ni que se le explique que las cosas se hacen como se hacen porque sí, o porque así es como siempre fueron hechas. Pretende razones, causas, fundamentos, argumentos. Intenta ir hasta el fondo en cada cosa. Toma la tradición con el respeto que merece, pero no por ello deja de cuestionarla e incluso abandonarla si va quedando anacrónica.
La curiosidad opera en dos etapas. La primera es la del interés y la duda: nos encontramos frente a algo o alguien y empezamos a preguntarnos por qué, cómo funciona, si no hay otra alternativa, qué significa, en cuántas partes se divide, de dónde proviene, quién es el responsable. Sentimos la necesidad de saber o, más bien, de no ignorar tanto. Hasta aquí no hemos hecho nada al respecto, tan sólo hemos "problematizado" algo que venía pasándonos inadvertido, es decir, hemos creado un problema en torno a un elemento de nuestro mundo que hasta entonces nos era indiferente.
La segunda etapa corresponde al momento en que la cuestión genera en nosotros tantas ganas de saber lo que ignoramos que decidimos dedicar un tiempo de nuestras vidas a resolver esas incógnitas y hacer algo al respecto. Es entonces cuando la curiosidad cumple con su misión: impulsarnos a conocer, investigar, preguntar, levantar el teléfono, abrir el diccionario, buscar en Google, la Encarta o en la Wikipedia, e inclusive ponernos en marcha para lograr cambiar aquello con lo que disentimos.
Por lo tanto, quien es curioso cuenta con un motor adicional. La curiosidad actúa, en este sentido, como un complemento de la voluntad, que la expande y fortalece cuando se trata de ir hacia lo que se ignora, de recorrer el camino que va desde la ignorancia hasta la adquisición de un saber determinado. Y, una vez conocido el tema, puede hacernos actuar en favor de lo que creemos correcto, justo o conveniente en cada caso.
http://cajadecambios.blogspot.com/2007/04/la-curiosidad-un-modo-de-vida.html
Ahora yo pienso... quizas que lo que siempre me pasa por mi cabeza es curiosidad, y bueno no es tan anormal no? Estoy por cumplir 15 años de mi vida vividos y cada día de nuestras vidas tiene algo nuevo por descubrir no? Pero para evitar que nos aprisione esa curiosidad tenemos que mantener nuestra conciencia despierta y limpiar la mente, porque aveces nuestra mente esta en un sueño oculto que no deja que nuestras ideas respiren y podemos terminar en un porrazo que seguramente nos dejará una lección.
Y si elejimos la curiosidad tenemos que tener mucho cuidado, porque como dicen algunos "La curiosidad mató al gato".

